CUANDO ME APRIETAN BAILANDO…

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Andrea Saldaña Rivera.

Cuando me aprietan bailando …No recuerdo su nombre, solo que era guapísimo y solterísimo a sus casi 30 años. Lo conocí en mi pueblo, su hermana era mi madrina. Solo en vacaciones le veía. El trabajaba en México, yo estudiaba Secundaria. Me habitué a saludarle como todos:  buenos días “Licenciado”, o buenas tardes o adiós, Licenciado. Un año después, ya estaba yo en la Universidad de la capital potosina. Fui con algunas compañeras al Baile de Bachilleres. En el Patio de la Universidad : la Orquesta de Pablo Beltrán Ruiz.

Ahí encontré al “Licenciado”. Después de la sorpresa mostré una sonrisa y saludé al paisano. Me contestó muy efusivo, con una sonrisa en los labios y un brillo en sus ojos profundos. Me sorprendió gratamente que la siguiente melodía, me invitó a bailar. En mi pueblo se hablaba de las múltiples y complejas significaciones del baile. Era considerado una actividad que ponía en riesgo la “castidad” de las mujeres. Algo que por cierto, no entendía muy bien a que se refería, pero que al sentirme en sus brazos, me tenía sin cuidado. Más aún porque la melodía y la letra de la canción “Pepe”  erotizaban nuestros movimientos. El cantaba en voz baja, en mi oído “Cuando me aprietan bailando …”

Cuando me aprietan bailando

Todo cambia, pensé. Era la década de los 60s. Aún entonces, el baile era calificado como un pasatiempo físicamente riesgoso y  espiritualmente lascivo.  También se consideraba un afrodisiaco natural.  Especialmente el Tango, el Charleston , el Flamenco y otros más. Debo confesar que esa frase de “Cuando me aprietan bailando yo me siento sofoca…” se sentía bastante erótica. Su mano apretaba suavemente la mía, un calorcillo subía hasta mi espalda. La otra mano abarcaba mi cintura y espalda. Disfrutamos rozar las mejillas y los cuerpos al ritmo de “Pepe”. Al terminar la melodía no soltó mi mano. Empezamos a platicar. Respondí sus primeras preguntas.

Cuando me aprietan bailando

A mi me ganó la costumbre y usé el “usted”, le pregunté:   va o viene del pueblo Licenciado? Se retiró un poco para verme, desconcertado, frunció un poco el ceño. Atinó a preguntar: De que me conoces? ¿Cuántos años tienes? ¡No me había reconocido! Me apresuré a aclarar que éramos paisanos, los datos de mi familia y las relaciones con su hermana. Me dio pena decir que tenía 15 años. Traté de poner cara de mujer fatal y contesté: tengo 16 años. Al terminar de bailar la melodía, me llevó a la mesa, besó levemente la punta de mis dedos, me regaló una encantadora sonrisa, prometió regresar, pero jamás lo volví a ver. Será que “Cada edad tiene sus placeres...” como dice la frase de Nicolás Boileau, poeta y crítico francés.  Hoy la melodía y letra de “Pepe”, especialmente interpretada por la Orquesta de Pablo Beltrán Ruiz, me trae aromas de esa  juventud. La frase de Tolstoy, “El respeto fue inventado, para cubrir el espacio vacío, donde debería estar el amor”  me ayuda a identificar lo que desperté en el Licenciado. Aún después de tantos años, es bien correspondido.

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