Adiós Mariquita linda…

| |

Adiós Mariquita linda… Esto sucedió hace más de 30 años.  Allá por la Colonia Industrial Aviación, antes llamada del “huesito”. Recién habíamos iniciado el Gabinete de Enfermeras  en San Luís Potosí, capital del estado del mismo nombre.  Acudió a solicitar cuidado domiciliario de 24 horas para su tía Mariquita. No era el único familiar que le quedaba a doña Mariquita, era el que se ocupaba de ella.

Varias enfermeras la conocimos. No tenía más de 60 años. Su inactividad, su rostro ajado y una depresión la hacían verse mucho mayor. Tenían que casi cargarla para lograr que se levantara al baño. Se pasaba el día y la noche en cama. A veces dormía, cuando estaba despierta, cerraba  los párpados.  Había que darle de comer. De manera desganada tomaba cada bocado o medicina que se le acercaba a la boca.

CRISIS.

Una vez, se tuvo que llamar a la ambulancia para llevarla al hospital: Angina de pecho, fue el diagnóstico. El sobrino estaba agobiado emocionalmente  por los imprevistos y los gastos de la tía y de su propia familia. Le planteamos varias alternativas. El siguió con el servicio de 24 horas para la tía hasta que un buen día…él falleció.

Luego de unos días la viuda fue a ver la situación. Ya no podía pagar el servicio. Tenía que trabajar además de hacerse cargo de sus hijos. Comenté las alternativas para el cuidado de la tía de su marido. Le apoyamos con los trámites para internarla en uno de los Albergues de la ciudad. Aunque privado, era menos costoso que el plan actual.

OPORTUNIDAD.

Me quedé inquieta por Doña Mariquita. Unos meses después fui al Albergue. Luego de platicar con la Directora le expresé mi preocupación. Miró el reloj y me invitó a pasar a la cocina. Un poco sorprendida la acompañé, nos sentamos y me ofreció un café. Escuché una canción que entonaba alguien que se acercaba:

 “Doña Mariquita no meta la mano, porque si la mete le pica el gusano, Doña Mariquita no meta los piés, porque si los mete le pica el ciempiés”

La reconocí, aunque era una mujer muy diferente. Era ella, Doña Mariquita, muy repuesta, caminando y moviendo los hombros y la cadera  al son de la melodía, llevando unas flores para la Directora. Luego de saludarme se puso a limpiar el frijol para ayudar a la cocinera. Estuvimos platicando. 

CONCLUSION. 

Recordamos a su sobrino fallecido. Las dificultades económicas de esa familia.  Una vez que terminó su labor se despidió y me dijo “Me voy, hoy me toca recibir el “super”. Por favor salude a las enfermeras de mi parte. Les agradezco lo que hicieron por mi”.

Asi que, estimadas colegas, les mando estos saludos. Supe que por muchos años, la familia de Mariquita la visitaba en el Albergue. No podían creer el cambio en la salud y el talante de Mariquita. Puedo imaginar que regresaban contentos. Satisfechos al ver las condiciones de vida de Doña Mariquita. Supe por la Directora que la siguieron visitando en sus últimos años gratamente satisfechos de su vida en el Albergue. 

 

Andrea Saldaña Rivera. andreasaldana.com

Anterior

Tía Úrsula, curandera y católica.

Apuntes sobre “Una luz en mis caminos”. Autobiografía.

Siguiente